En ocasiones despertaba aturdida, se levantaba mareada y descubría desconocidos en su cama, en otras que eran las más frecuentes, se despertaba sola, y solo se movía para alcanzar la bolsa de cuero que reposaba en la mesilla y darse un nuevo chute de adrenalina.
Era consiente de que probablemente se estaba destrozando la vida, pero hacía tiempo que para ella esta no tenía sentido. Aún recordaba su tacto, y como una sola caricia la podía hacer estremecer, cómo deslizaba su cuerpo entre el suyo, y el sonido que ejercía su cuerpo sobre el colchón. Deslizó su mano ténuemente, por el costado, por su escote y bajó, intentando recrearse en lo que alguna vez le había parecido placentero. Sus ojos se cerraron, de nuevo quedó dormida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario